Las últimas palabras de Freddie Mercury


Las últimas palabras que pronunció Freddie fueron «¡Pipi, pipi!».

Podría haber dicho cualquier otra cosa en su lecho de muerte. Podría haberse despedido como un héroe o como un amante entregado. Podría haber trascendido con una de esas frases ingeniosas con que se recuerda a tipos como Saroyan, Víctor Hugo o Pancho Villa, quien, agonizante tras un brutal tiroteo, esperó a que llegase el reportero de turno y, en su último aliento, le exigió: «¡Escriba usted que he dicho algo!».

Pero no. Freddie Mercury no dejó ninguna cita memorable para la posteridad. Lo único que dijo fue «pipi, pipi». Por una sencilla razón: se estaba meando. Le estaba pidiendo a Jim Hutton, su última pareja y también la última persona que lo vería con vida, que le ayudase a levantarse y le llevase al cuarto de baño antes de que se lo hiciese encima. Y, aunque ya estaba francamente mal, y ciego, y el dolor le impedía hasta moverse, lo que más le incomodaba en la vida era estar sucio.

Después de eso no le importó. No pensaba en la posteridad cuando murió. El dolor se encarga de que la posteridad te importe una mierda.

Era la madrugada del 24 de noviembre de 1991. Por la segunda planta de su mansión de Garden Lodge habían pasado aquella noche Elton John y Dave Clark, pero en aquel momento sólo había cuatro personas en casa además de Freddie. Cuatro personas y una gata, Delilah, que permanecía acurrucada a los pies de su cama. Una de las últimas cosas que Freddie hizo en su vida fue acariciarla, con la ayuda de Dave, que movía su brazo como un mal ventrílocuo.

Quién lo iba a decir. Algo tan simple como aquello, pasar la mano sobre el suave lomo de un gato común, fue lo único que pudo proporcionar algo de felicidad a aquel multimillonario moribundo, borracho de éxito en tiempos mejores, durante sus horas más aciagas.

Amaba tanto a aquella gata que hasta se permitió la osadía de dedicarle una canción infame en su último disco con Queen, canción que el resto del grupo aceptó incluir en Innuendo, a pesar de todo, al entender que aquella era una de sus últimas voluntades.

A Freddie le encantaban los gatos. Años atrás, cuando su primera pareja formal y más tarde mejor amiga, Mary Austin, le dijo que quería tener hijos con él, le respondió que prefería adoptar a otro gato. No lo encajó demasiado bien, así que se distanciaron un poco y ella se buscó a otro con quien traer descendencia al mundo. Y lo encontró. Encontró al hombre que le daría dos hijos, pero acabaría perdiéndolo durante su segundo embarazo por culpa de las excesivas atenciones que dispensaba a Freddie, ya enfermo.

Los hay que se mueren plácidamente mientras duermen, o mientras viajan en avión o hacen el amor, pero la suya no fue una muerte nada bonita. Hacía días que había bajado los brazos y abandonado su tratamiento, harto de ver cómo la medicación era incapaz de detener el avance de su enfermedad, y ya sólo esperaba que llegase su hora con la ayuda de la morfina.

En la calle se había montado un buen circo. Desde que en 1987 Paul Prenter, ex amante y representante en sus años de deriva, vendiera la primicia de su enfermedad, los medios se agolpaban a las puertas del número 1 de Logan Place hambrientos de carnaza fresca. Hacía tiempo que Freddie no salía de casa, así que lo único que esperaban era la foto de su ataúd, la confirmación de lo que ya se sabía.

Por si no bastase con esto, aquel mismo día se había hecho pública una nota de prensa en la que Freddie admitía que tenía SIDA y pedía respeto para él y su familia. Los reporteros ya no tendrían que seguir escarbando en sus cubos de basura en busca de cajas de medicamentos contra el VIH. Lo que ya era secreto a voces dejó de serlo. La cosa llegaba a su fin.

Cuando el Dr. Atkinson abandonó Garden Lodge aquella noche aún era sábado. Antes de irse les dijo a Jim y al asistente de Freddie que, con un poco de suerte, podía durar hasta el martes. Pero no debió de decirlo lo suficientemente alto, porque su paciente se murió aquella misma madrugada, poco después de entrar en convulsiones y romperse una pierna cuando Jim intentaba cambiarle la ropa y las sábanas.

Ninguna de las cuatro personas que estaban allí entonces volvió a entrar en Garden Lodge. Ni siquiera Jim. Freddie dejó muy claro en su testamento a quién había querido más en su vida. Legó cantidades simbólicas a los que allí estaban: su amante-jardinero, su asistente personal y su cocinero, el 25% de su fortuna a sus padres, otro 25% a su hermana y el 50% restante a Mary Austin, aquella a quien había cambiado por cientos de hombres, la misma que se enfadó con él por creer más en los gatos que en los humanos, y quien acabó teniendo que cuidar de ellos y de la casa y de los recuerdos de aquel hombre, extravagante y ciertamente generoso, que se murió diciendo «pipi, pipi».

Comentarios

Molina de Tirso ha dicho que…
¡Escalofriante!
Aunque se base en hechos reales es un relato, y estupendo.
LUNA ha dicho que…
Me he emocionado...desgarra el alma conocer los detalles del final de uno de los mas grandes.
ainhoa araluze ha dicho que…
Gracias, Hugo!
Anónimo ha dicho que…
me parece un artículo pésimo y repugnante,en serio,no se cual era tu intención al escribir esto,pero a mi leer estas cosas me ponen de mal humor,no se si esa información es verdadera o no,pero sacar tanto jugo de una situación así,añadir pelos y señales y aún por encima decir que si una persona no quiere tener hijos es porque quiere más a los animales que a los humanos me parece una conclusión bastante cutre porque hay mucha gente que no quiere tener hijos por muchas razones y estarán en su derecho digo yo,bla bla bla bla bla bla....no digo más,el artículo no me gustó y punto.un saludo Hugo
Anónimo ha dicho que…
Anónimo II
Puede que el comentario del anónimo I, sea positivo, y no negativo como dices tú, de todos los comentarios se aprende algo, y de los negativos más, nos hacen ver un poco más allá que los positivos, que normalmente son para darnos la razón, o hacer que las minúsculas pasen a ser mayúsculas, sin pasar por las versalitas. Bicos Hugo.
Anónimo ha dicho que…
¿Y vos, estabas bajo su cama? Derroche de morbo e imaginación. Impagable lo de los gatos y los hijos.
A mi tampoco me ha gustado, es desagradable y no aporta nada.
Saludos.
franveliz ha dicho que…
Lejos de las heroicas palabras de cualquier don nadie el gran Freddie Mercury dijo pipi... Enhorabuena Hugo, gran relato.
Anónimo ha dicho que…
Está claro que hoy en día no somos nadie, sin un hecho cultural a nuestras espaldas. Ya no son nuestros enemigos carnales y de apie los que nos empequeñecen o engrandecen, sino la idiosincrasia de quien nos usa, de una forma o de otra, en ese hecho cultural. Lo que en realidad dijo Freddie dejando escapar la vida fue: Jin, cógeme la polla que, quiero sentir un último acto humano. Y no creas que esta es una aportación mía, no, corresponde a Paco López un don nadie que murió en un callejón, cagado, meado y con dos velas de mocos, eso sí rodeado de gatos, quizá porque no tenía herencia que dejar, ni cultural ni de ningún otro tipo.
Cordial saludo, Hugo.

PD. No te tomes esto como crítica, ni positiva ni negativa.
Anónimo ha dicho que…
Argentino? Disculpad, quería ser voseo reverencial pero me tragué una i. Intenté en vano tomar el lugar que me corresponde, siempre por debajo de vuestra sublimidad. Lo que no entiendo es por qué me adjudica género en su contestación, pero así será si vuestra grandeza lo ha decidido. Saluditos.
Biyu ha dicho que…
Un gran artículo. Enhorabuena.
Biyu ha dicho que…
Siento responder dos veces seguidas pero acabo de leer el resto de comentarios y me temo que disiento con el anónimo: no es "morbo e imaginación". La idea del periodismo como un reporte exclusivamente aséptico e impersonal hace más de cuarenta años que quedó aparcada, y ahí está bien. A mí me recuerda a las plumas del "Nuevo Periodismo" y eso es algo que agradezco mucho, especialmente en el mundo de la música.

Eso en cuanto a la forma. En cuanto al fondo insisto: gran artículo.
Anónimo ha dicho que…
Ceñirse a lo que Biyu llama periodismo aséptico e impersonal, sería, además de aburrido, castrante para la profesión. Pero de ahí a inventarse lo que rodea a algo tan íntimo y delicado como la muerte de una persona, va un largo trecho. Yo no crítico la intención ni la idea. Crítico el resultado porque me parece de un "feísmo" bastante prescindible. No lo llamen artículo, llámenlo relato y amén.
Y al autor le pediría que ya que borra sus contestaciones, borre también mis comentarios. Más que nada para no parecer tonto del culo (me refiero a mi, por supuesto).
Luisa Pérez Puga ha dicho que…
Muy bueno, Hugo. No lo había leído hasta hoy, me ha gustado mucho. ¡Bicos!
Javier ha dicho que…
Muy buena narración.
Isa ha dicho que…
Genial Hugo, un gustazo seguirte en tw y ahora aquí.
severinne ha dicho que…
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que yo disponía de pasta y tiempo. Hoy no dispongo de ninguna de las dos cosas, pero si lo pienso friamente no tengo claro qué echo más de menos. Da igual.
Gracias al dinero y al tiempo pude ver a muchos grupos que me gustaban, entre ellos a Queen. Por supuesto sin Freddie. No llegué a tiempo de disfrutarlo (debería haber nacido un poco antes).
Fue en una gira que creo que organizó Brian May, supongo que recaudatoria, con Paul Rodgers como vocalista. Y hay que echarle huevos para querer sustituir a Freddie siendo Paul Rodgers. Que vale que cuando cantaba en Free, allá por los 70, tuviera alguna canción que hoy en día todavía tarareo, pero de eso a creer que puedes sustituir al Sr. Mercury, pues va un abismo.
El concierto transcurrió entre la estupefacción y la indignación. Y lloré cuando ese hombre entonó una canción que había sido como un himno en mi vida (el I want to break free -sí, lo sé soy una tipicorra-), escuchando cómo se ahogaba en cada verso. La cosa llegó al extremo de que en algunos temas la música era en directo y desde una pantalla gigante ponían las imágenes y la voz de Freddie. Un fiasco. Porque aunque los músicos fueran excelentes, el alma del grupo, al menos para mí y los que allí estábamos, era él.
Terminó el concierto y el grupo que nos habíamos juntado para verlo decidimos ir a emborracharnos para olvidar. Jugamos a imaginarnos giras de grupos con cantantes muertos sustituidos por Paul Rodgers: The Doors y Paul Rodgers, Nirvana y Paul Rodgers, Los Secretos y Paul Rodgers... Lo imaginábamos como un buitre, acechando en los funerales de los cantantes famosos y entregando tarjetitas de visita:
Paul Rodgers. Cantante. Todos los géneros. Se hacen sustituciones.
En definitiva, desde entonces odio a Paul Rodgers aunque sepa que toda la culpa no es suya, y hasta me cae un poco mal Brian May, jaja.

Freddie fue único en su vida y supongo que también en su muerte, como todo el mundo; eso es lo que veo en tu relato, la socialización de la muerte, la igualdad, le quitas el misticismo que muchas veces los medios o los fans añaden a los sucesos -trágicos o no- de los famosos que idolatran. Se pudo morir así o no, me da igual, porque me sigue pareciendo un relato fantástico.
Y dirás, tanto rollo para decirme que le gusta (por eso no triunfo en twitter) :P
Me encanta como escribes, de verdad. Tanto que me animas a mí a hacerlo, jaja.
Evocador ha dicho que…
Genial, me ha gustado mucho, un placer seguirte por aquí también
Wiggins 540 ha dicho que…
emm de hecho el propio jim hutton reitero que las ultimas palabras de freddie fueron un poema y lo siguiente
"jim nunca me dejes"

eso lo dijo mientras le cambiaban los pantalonsillos luego levanto la pierna y la pierna perdio fuerza y asi murio el mejor cantanre
essostre ha dicho que…
Me ha gustado. Si no es fiel a la realidad al 100% es lo de menos. Los personajes famosos, cuando mueren, no se olvidan. Se convierten en iconos que puedes imprimir en cualquier camiseta: Beethoven, Marylin, Che Guevara o Freddie, no importa la realidad, siempre inalcanzable, sino el significado. Este relato nos enfrenta con ese símbolo frente a la mundana realidad. Y creo que acierta.
Juany ha dicho que…
Freddie era un hombre diferente especial, sentía un amor que ni el mismo podía entender. Mary era el amor de su vida, quien le dio lo que todos sus amantes no pudieron.
En el caso del cariño que sentía por los gatos es algo normal, las personas que vemos mas allá de nuestros ojos y sufrimos por no tener el cariño que realmente queremos de nuestra familia o amigos ya que no nos entienden. Comenzamos a mirar a otros seres y empatizar con ellos, es ahí cuando nos damos cuenta que los animales pueden sentir y brindarnos un amor mucho mas puro e inocente.
Freddie Mercury era un buen hombre que se perdió en los excesos, en su mundo no había nadie que le brindará lo que él quería... Apoyo, Amor sinceró, comprensión.
Para la sociedad es difícil comprender a un hombre que por un lado se drograba y acostaba con un sin fin de hombres y por otro pedía a gritos a una persona con quien compartir su vida.
Al final todos se aprovecharon y aprovechan de Freddie Mercury,si yo hubiese tenido la dicha de conocer a ese hombre, lo hubiese amado sinceramente y no me hubiese importado su dinero. Al final sin conocerlo empatizo y siento un gran respeto por él.

Entradas populares de este blog

Tras los pasos de Bohumil Hrabal en Praga

Pedro Juan Gutiérrez: «Si no traicionamos, no avanzamos»