Agujeros negros


Cuenta Chris Smith, teclista de Smile –lo que más tarde sería Queen–, que, a finales de los 60, cuando Freddie Mercury era aún Freddie Bulsara, muy pocos lo tomaban en serio cada vez que decía que iba a ser una estrella. Un día, Smith entró en el West Kensington Pub de Elsham Road y se lo encontró allí, apostado en la barra, con la cabeza apoyada en las manos, totalmente ausente. Se sentó a su lado y le preguntó: «¿Qué te pasa, Fred?». «Que ya no voy a ser una estrella», le contestó. «¿Cómo que no? Nos lo has prometido, no te puedes echar atrás. ¡Claro que serás una estrella!». Freddie se giró y le dijo: «No voy a ser una estrella. Voy a ser una leyenda».

El resto es historia. Freddie fue una estrella primero y una leyenda después. Pero, hasta lograrlo, tuvo que sobrevivir vendiendo ropa usada en el mercado de Kensington. A veces, pocas, vendía también alguno de sus cuadros. Durante los primeros años de Queen no tuvo más remedio que alternar su vida de proyecto de leyenda con la de vendedor de zapatos de segunda mano en su puesto del mercadillo.

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