Luz en las ventanas



En el verano de 1977, David Bowie llevaba ya varios meses viviendo en Berlín. Cuentan que una tarde, asomado al ventanal de la sala de grabación de los estudios Hansa, vio a una pareja en la calle, junto al Muro, besándose bajo la torre de vigilancia de la Köthener Strasse. Aquella imagen, dicen, dio pie a la creación de una de sus letras más celebradas: Heroes. Durante décadas esa fue la versión oficial, pero no fue exactamente así. En realidad, Bowie mintió, porque no tuvo que asomarse a ninguna ventana para ver a aquella pareja que le hizo recordar el beso de los Amantes entre los muros del jardín de Otto Mueller.

Para empezar, las ventanas de la sala de grabación de los Hansa estaban a más de dos metros de altura. Tendría que haberse encaramado al piano o trepar por la pared hasta llegar a la repisa y, aun así, difícilmente podría haber mirado hacia abajo. Los amantes –Tony Visconti, su amigo y productor, y Antonia Maas, una de sus coristas– estaban besándose en la misma sala que él. El muro en que se apoyaban no era otro que la pared de los ventanales. Como Visconti era un hombre casado, Bowie optó por inventarse una historia con más poesía y menos verdad. Casi treinta años después, admitiría en una entrevista que lo había hecho para protegerle. Si hubiese sido así, jamás lo habría reconocido.

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